Minubetrip por Cofrentes.
Un pueblo de 1000 habitantes que alberga un reactor nuclear, un volcán y uno de los ríos más limpios de Europa. Esta mezcla era digna de ver así que Minube nos llevó a Cofrentes, en el oeste de Valencia.

¿Springfield? No, Cofrentes.
Mis compañeros en esta aventura fueron Ignacio Izquierdo, Miguel de Diario de un Mentiroso, y tras la cámara Guille.
LUNES.
Llegamos el lunes al Balneario Hervideros y allí me llevé la primera sorpresa del viaje: no se trata de un hotelito rural sino de un pueblo casi al completo. El balneario tiene calles, plazas, centro termal, peluquería, iglesia y hasta teatro. No es de extrañar que los habitantes de Cofrentes vengan aquí a bailar o a jugar al bingo, es todo un centro de ocio.




Lo primero que hicimos al llegar fue arrasar con el buffet. Sobre todo Miguel, al que al parecer no dan de comer en casa. Después un café en una de las cafeterías de este balneario-pueblo, y ya más reposados y con el estómago lleno comenzamos a explorar la zona.
Nos acompañaban Clara (una de las propietarias y encargada del marketing del balneario) y su amiga Alex.
Como hacía mucho calor a esa hora, comenzamos con un tour en coche por la zona que nos sirvió para situarnos un poco.
Visitamos el volcán. La verdad es que no es lo que te imaginas cuando piensas en un volcán (un gran cráter y lava ardiente chisporreteando por ahí), pero es cierto que está activo y además tiene muy buenas vistas del pueblo. No se si fueron los gases tóxicos, la enorme piedra redonda o qué, pero ahí arriba Ignacio sacó su lado más Maligno… (y ya no nos abandonó durante el resto del viaje).

Después bajamos al pueblo y visitamos su castillo. Desde allí pudimos ver muy cerquita la central nuclear refrigerada con agua del Júcar.

Una vez que el calor se hizo más soportable nos fuimos al campo multiaventuras para empezar la actividad de verdad. Cuando unos días antes me habían pasado el programa de este viaje y vi que teníamos una sesión de arborismo me puse contentísima. No se por qué me gusta tanto esto de andar sobre troncos y colgarme de cuerdas a 7 metros de altura. Desde abajo parece muy fácil pero una vez que estás arriba la cosa cambia. Es divertidísimo y sorprende ver lo rápido que nos bloqueamos cuando estamos en una situación desconocida y aparentemente peligrosa. Para los que no lo hayan hecho nunca, el parque cuenta con un mini circuito de entrenamiento que sólo tiene un metro de altura. Pero luego hay que subir al de verdad. No creáis a Miguel (repito, de Diario de un Mentiroso…) porque la sensación NO es la misma.

Terminamos la actividad con un rocódromo y una tirolina. Si me está leyendo alguno de los que estuvisteis presentes en mi humillante actuación en el rocódromo de Madrid os digo: éste no sólo lo escalé sino que lo hice de una vez, sin caídas y a muy buen ritmo. Ahí queda eso.
Lo siguiente fue tiro con arco y, atención a esto: ¡tiro con tirachinas! Sí señores, que no se pierdan las viejas costumbres. Dianas para el primero, latas para el segundo, y peligro para los viandantes que pasaban por detrás.

No contentos con esto, y como éstas armas no nos parecieron suficientemente belicosas, una vez que cayó la noche pusieron en nuestras manos unas marcadoras. ¿Queréis reiros? Encerrad a 4 bloggers armados en un campo de paintball y dejadles allí solos un rato. Guille se emocionó imitando no-se-qué videojuego con la cámara sobre su marcadora. Yo me puse a practicar mi puntería disparando a barriles -acabé con un bolazo en la frente. Miguel pilló por todos lados, literalmente. E Ignacio se reveló como un francotirador en potencia.

Esa noche, para volver a “civilizarnos”, nos acompañaron en la cena los propietarios del balneario, el alcalde de Cofrentes y el concejal de turismo. A Raúl Jiménez le alegrará saber que aquí nadie disparó a nadie.
MARTES.
El martes lo dedicamos a actividades más físicas todavía. Por la mañana bajamos al río Cabriel, un afluente del Júcar, y allí hicimos una travesía en kayak entre cañones con algunos tramos de aguas bravas y un par de bajaditas muy divertidas.

Cualquier parecido con los Power Rangers es pura coincidencia.
Por la tarde cambiamos el kayak por la bici de montaña y nos hicimos una ruta que a mi me impuso respeto, no se qué dirán los chicos… Era una bajada con una pendiente muy pronunciada (frenando a tope con el freno de atrás y aún así las bicis se seguían deslizando montaña abajo -puro antebrazo) pero afortunadamente en esta ocasión no hubo ningún incidente. Las vistas eran impresionantes y una vez que llegamos al río nos sentamos a comer en un merendero precioso, así que mereció la pena.

Como premio a los esfuerzos del día, de vuelta en el balneario nos esperaba el Centro Termal.
Primero un masaje relajante y después nos fuimos a la zona del spa donde probamos la experiencia “Gin Tonic Club”. Allí tenían preparada una barra donde un camarero te preparaba el Gin Tonic que quisieras (yo no los probé, claro, pero oí que estaban deliciosos). Después te podías meter con tu bebida en la piscina o tumbarte en las camas de burbujas que hay en el agua. Yo a esto le veo su riesgo, pero los expertos son ellos.
MIÉRCOLES.
El último día nos levantamos muy temprano (a las 6:30 concretamente), pero el madrugón estaba justificado porque nos esperaba ni más ni menos que un globo. Yo nunca había montado en un globo aerostático y estaba deseando probarlo, aunque éste iba a estar cautivo porque al parecer no es muy seguro volar alrededor de una central nuclear (la seguridad ante todo).
El proceso de inflado ya es un espectáculo en sí, y el elevarte en una cesta de mimbre tirada por un globo es toda una experiencia.


Muchas gracias a TotGlobo.com por esta pequeña aventura.
Después del globo nos fuimos al Pitch & Putt de 9 hoyos que tienen en el balneario. Allí pasamos un rato tranquilo riéndonos de nuestra propia incompetencia con los palos (shhhh… hay quien tiene el ego subido y se cree que lo hace muy bien, pero no es verdad…)
Como última actividad hicimos un crucero fluvial por el río Júcar, uno de los más limpios de Europa. Es un recorrido de unos 30 kilómetros, muy relajante, que une Cofrentes con Cortes de Pallás. El color del agua y las paredes de roca impresionan.

Y así terminó nuestro minubetrip por el balneario de Cofrentes. Un pueblo que no te esperas, repleto de actividades tanto deportivas como de bienestar que se pueden hacer sin salir del balneario.





Anda que menudo planazo, así da gusto asistir a un minubetrip!!! Con las ganas que tengo yo de estrenarme en el paintball, pero no hay manera
Encima menuda compañía, tanto a Ignacio como a Miguel, aún no les conozco en persona, pero siguiendo sus blogs, se que son gente con la que no te aburres
Saludotes!!!
Aburrirse en un minubetrip es practicamente imposible, y con compañeros como estos, imposible del todo
Menudas fotacas habéis puesto. Me encantan