Category Archives: viajes
Bruselas…
En diciembre, Minube nos llevó a Lala, Ainara y a mi de viaje a Bruselas. Pudimos conocer los rincones más pintorescos de la ciudad: sus mercados, sus tiendas, las cafeterías y restaurantes con más encanto y algunos de sus signos de identidad, como el Atomium o el Parlamento Europeo.
Ignacio Izquierdo venía con nosotras, estrenándose como cámara -quién lo diría-, y ahora por fin podemos ver el video de aquel viaje.
¡Espero que os guste tanto como a nosotras!
.
Si te ha gustado el video, no puedes perderte Bruselas. La Oficina de Turismo de Bélgica ha preparado varias propuestas para que le saques el máximo partido a tu viaje con amigas por la capital de Europa.
Remix Maya
Hoy es el decimotercer Baktum, es decir, el fin de esta era del calendario Maya. Para celebrarlo, he rescatado de mi archivo algunas fotos de México y Guatemala y he hecho un remix Maya. Las fotos son de Tikal y Palenque.
Os recomiendo poner de fondo esta canción. Muy apropiada hoy.






Hotel BLOOM! -Bruselas
Durante el minubetrip Bruselas tuve la suerte de poder alojarme en el increíble Hotel BLOOM! Aquí mi opinión:

HABITACIONES: las habitaciones son espaciosas y cada una ha sido pintada por un artista distinto. La mía, la 723, estaba pintada de rosa pastel con libélulas, muy de chicas
La habitación da a la fachada principal y y toda la pared del fondo es un ventanal enorme. La cama es muy cómoda, con un edredón ligero pero que te mantiene caliente por la noche, y las cortinas tapan la luz perfectamente (importante si no quieres madrugar o si te apetece dormir la siesta).
DESAYUNOS: el desayunador está situado en la planta baja, a pie de calle. Es amplio aunque algo confuso ya que muchos productos están colocadas en columnas y tienes que girar alrededor de todas ellas para encontrar algo. Por otro lado, la variedad de alimentos es la esperada -tienen casi todos los básicos-, y la calidad es estupenda. El primer día no vi salmón (para mi es obligatorio en un buffet de desayunos) pero le pregunté a un chico por él y entró en seguida a la cocina a prepararme una bandeja entera. Estaba delicioso. En serio, se deshacía en la boca.
PERSONAL: otra dato a tener en cuenta en un hotel es el personal que trabaja en él y que puede condicionar mucho la estancia. En el Hotel BLOOM! todas las personas con las que he tratado han sido atentas y amables, además siempre había alguien disponible para atenderte por lo que no tienes que perder tiempo esperando.
ECO: para mi es muy importante que los hoteles se preocupen por el impacto que tienen en el medio ambiente. El Hotel BLOOM! sigue usando los envases individuales para los amenities en lugar de dispensadores recargables -mucho más ecológicos- que tienen otros hoteles. Pero por otro lado, incentivan las buenas prácticas medioambientales premiando a sus huéspedes con un bono de 5 euros de descuento en el restaurante (Smoods) por cada día que piden que no se les haga la habitación (con el ahorro energético que eso supone en lavado de sábanas y toallas).
LOCALIZACIÓN: aunque no está en pleno centro, es posible llegar andando. El tram se toma en la misma puerta y te deja en el corazón de Bruselas en 10 minutos, y la parada de metro Kruidtuin/Botanique está a unos 50 metros del hotel. Además en la zona hay sitios que ver, supermercados (tienda Carrefour justo en frente) y centros comerciales.

Si quieres ver todos los rincones que descubrimos con Minube en Bruselas, haz click aquí:
.
Atomium

ATOMIUM, uno de los sitios más psicodélicos que he tenido la suerte de visitar.
Es una estructura que fue erigida con motivo de la Exposición Universal de 1958, y a la que, a diferencia del resto de construcciones que se levantan para estos fines, se le perdonó la vida.
Ahora se ha convertido en el símbolo de Bruselas. El que decidió no desmontarlo tras la Expo seguro que era de marketing.
Representa un cristal de hierro, y está compuesta por 9 esferas de acero de 18 metros de diámetro, que alcanzan una altura de 102 metros.
Las esferas tienen diferentes usos: salas de exposiciones (una permanente sobre la Expo del 58 y otras temporales), de reuniones o incluso una para niños en la que se pueden quedar a dormir. 3 de ellas no se pueden visitar; sirven para mantener el “edificio” en equilibrio, cosa bastante importante.

La esfera superior es un restaurante panorámico con una vista extraordinaria de la ciudad de Bruselas, desde 92 metros de altura. El servicio es de calidad aunque un pelín lento. No es una cocina innovadora pero sí sabrosa, la presentación de los platos es muy buena, y el personal amable.

La barra es circular y está situada en el centro de la esfera.

Al restaurante se accede a través de un ascensor con el techo de cristal que recorre la estructura a una velocidad de 5 metros por segundo, es una pasada. Para bajar se puede ir a pie de esfera en esfera, utilizando las escaleras -algunas son mecánicas y otras no-. El espectáculo de luces hará que creas que desciendes de una nave espacial.
.
Me encantan los viajes con Minube…
Minubetrip por Cofrentes.
Un pueblo de 1000 habitantes que alberga un reactor nuclear, un volcán y uno de los ríos más limpios de Europa. Esta mezcla era digna de ver así que Minube nos llevó a Cofrentes, en el oeste de Valencia.

¿Springfield? No, Cofrentes.
Mis compañeros en esta aventura fueron Ignacio Izquierdo, Miguel de Diario de un Mentiroso, y tras la cámara Guille.
LUNES.
Llegamos el lunes al Balneario Hervideros y allí me llevé la primera sorpresa del viaje: no se trata de un hotelito rural sino de un pueblo casi al completo. El balneario tiene calles, plazas, centro termal, peluquería, iglesia y hasta teatro. No es de extrañar que los habitantes de Cofrentes vengan aquí a bailar o a jugar al bingo, es todo un centro de ocio.




Lo primero que hicimos al llegar fue arrasar con el buffet. Sobre todo Miguel, al que al parecer no dan de comer en casa. Después un café en una de las cafeterías de este balneario-pueblo, y ya más reposados y con el estómago lleno comenzamos a explorar la zona.
Nos acompañaban Clara (una de las propietarias y encargada del marketing del balneario) y su amiga Alex.
Como hacía mucho calor a esa hora, comenzamos con un tour en coche por la zona que nos sirvió para situarnos un poco.
Visitamos el volcán. La verdad es que no es lo que te imaginas cuando piensas en un volcán (un gran cráter y lava ardiente chisporreteando por ahí), pero es cierto que está activo y además tiene muy buenas vistas del pueblo. No se si fueron los gases tóxicos, la enorme piedra redonda o qué, pero ahí arriba Ignacio sacó su lado más Maligno… (y ya no nos abandonó durante el resto del viaje).

Después bajamos al pueblo y visitamos su castillo. Desde allí pudimos ver muy cerquita la central nuclear refrigerada con agua del Júcar.

Una vez que el calor se hizo más soportable nos fuimos al campo multiaventuras para empezar la actividad de verdad. Cuando unos días antes me habían pasado el programa de este viaje y vi que teníamos una sesión de arborismo me puse contentísima. No se por qué me gusta tanto esto de andar sobre troncos y colgarme de cuerdas a 7 metros de altura. Desde abajo parece muy fácil pero una vez que estás arriba la cosa cambia. Es divertidísimo y sorprende ver lo rápido que nos bloqueamos cuando estamos en una situación desconocida y aparentemente peligrosa. Para los que no lo hayan hecho nunca, el parque cuenta con un mini circuito de entrenamiento que sólo tiene un metro de altura. Pero luego hay que subir al de verdad. No creáis a Miguel (repito, de Diario de un Mentiroso…) porque la sensación NO es la misma.

Terminamos la actividad con un rocódromo y una tirolina. Si me está leyendo alguno de los que estuvisteis presentes en mi humillante actuación en el rocódromo de Madrid os digo: éste no sólo lo escalé sino que lo hice de una vez, sin caídas y a muy buen ritmo. Ahí queda eso.
Lo siguiente fue tiro con arco y, atención a esto: ¡tiro con tirachinas! Sí señores, que no se pierdan las viejas costumbres. Dianas para el primero, latas para el segundo, y peligro para los viandantes que pasaban por detrás.

No contentos con esto, y como éstas armas no nos parecieron suficientemente belicosas, una vez que cayó la noche pusieron en nuestras manos unas marcadoras. ¿Queréis reiros? Encerrad a 4 bloggers armados en un campo de paintball y dejadles allí solos un rato. Guille se emocionó imitando no-se-qué videojuego con la cámara sobre su marcadora. Yo me puse a practicar mi puntería disparando a barriles -acabé con un bolazo en la frente. Miguel pilló por todos lados, literalmente. E Ignacio se reveló como un francotirador en potencia.

Esa noche, para volver a “civilizarnos”, nos acompañaron en la cena los propietarios del balneario, el alcalde de Cofrentes y el concejal de turismo. A Raúl Jiménez le alegrará saber que aquí nadie disparó a nadie.
MARTES.
El martes lo dedicamos a actividades más físicas todavía. Por la mañana bajamos al río Cabriel, un afluente del Júcar, y allí hicimos una travesía en kayak entre cañones con algunos tramos de aguas bravas y un par de bajaditas muy divertidas.

Cualquier parecido con los Power Rangers es pura coincidencia.
Por la tarde cambiamos el kayak por la bici de montaña y nos hicimos una ruta que a mi me impuso respeto, no se qué dirán los chicos… Era una bajada con una pendiente muy pronunciada (frenando a tope con el freno de atrás y aún así las bicis se seguían deslizando montaña abajo -puro antebrazo) pero afortunadamente en esta ocasión no hubo ningún incidente. Las vistas eran impresionantes y una vez que llegamos al río nos sentamos a comer en un merendero precioso, así que mereció la pena.

Como premio a los esfuerzos del día, de vuelta en el balneario nos esperaba el Centro Termal.
Primero un masaje relajante y después nos fuimos a la zona del spa donde probamos la experiencia “Gin Tonic Club”. Allí tenían preparada una barra donde un camarero te preparaba el Gin Tonic que quisieras (yo no los probé, claro, pero oí que estaban deliciosos). Después te podías meter con tu bebida en la piscina o tumbarte en las camas de burbujas que hay en el agua. Yo a esto le veo su riesgo, pero los expertos son ellos.
MIÉRCOLES.
El último día nos levantamos muy temprano (a las 6:30 concretamente), pero el madrugón estaba justificado porque nos esperaba ni más ni menos que un globo. Yo nunca había montado en un globo aerostático y estaba deseando probarlo, aunque éste iba a estar cautivo porque al parecer no es muy seguro volar alrededor de una central nuclear (la seguridad ante todo).
El proceso de inflado ya es un espectáculo en sí, y el elevarte en una cesta de mimbre tirada por un globo es toda una experiencia.


Muchas gracias a TotGlobo.com por esta pequeña aventura.
Después del globo nos fuimos al Pitch & Putt de 9 hoyos que tienen en el balneario. Allí pasamos un rato tranquilo riéndonos de nuestra propia incompetencia con los palos (shhhh… hay quien tiene el ego subido y se cree que lo hace muy bien, pero no es verdad…)
Como última actividad hicimos un crucero fluvial por el río Júcar, uno de los más limpios de Europa. Es un recorrido de unos 30 kilómetros, muy relajante, que une Cofrentes con Cortes de Pallás. El color del agua y las paredes de roca impresionan.

Y así terminó nuestro minubetrip por el balneario de Cofrentes. Un pueblo que no te esperas, repleto de actividades tanto deportivas como de bienestar que se pueden hacer sin salir del balneario.
Cuxhaven
Hace algunas semanas estuve en el norte de Alemania. Visité varios lugares, unos conocidos y otros no tanto. Entre ellos estaba Cuxhaven.
No os voy a contar lo que allí vi; prefiero enseñaros éstas imágenes y dejar que vuestra mente haga el resto.




Vitoria-Gasteiz
DÍA 3: VITORIA-GASTEIZ
Después de un desayuno más que agradable en el hotel Hesperia de Bilbao, salimos para Vitoria, la tercera de las capitales vascas. Y capital verde europea. O la capital desconocida, como la llaman ellos.
Fuimos a dejar las maletas a La Casa de los Arquillos, y ya nos estaban esperando fuera las bici-taxis para llevarnos a Salburúa.
No tenía ni idea de que en España se pudiera encontrar este servicio. Es como los típicos rickshaws asiáticos, sólo que aquí vienen equipados con una buena manta para el frío. Además estaba lloviendo pero en las bici-taxis no nos mojábamos, era incluso acogedor. Yo me sentía como un bebé en un carrito, la mar de feliz. Fue toda una experiencia el moverse por Vitoria en uno de estos. Absolutamente cómodo y muy divertido.
Salburúa es uno de los parques naturales que rodean Vitoria, que repito, es capital verde europea. El parque es un humedal en el que habitan una gran variedad de especies, sobre todo aves. Allí visitamos el centro de interpretación Ataria, donde una guía nos dio unas nociones básicas sobre observación de aves, y luego pasamos un rato frente al telescópio, pues eso, observando aves.
Tras esta visita, los bici-taxis volvieron a llevarnos al centro para conocer la catedral de Santa María, que está “abierta por obras”. Reconozco que teníamos nuestras dudas ante una actividad que usaba las obras como reclamo turístico, pero acabó siendo de lo más interesante. La catedral lleva en obras desde el año 2000, y tal y como anuncian, se puede visitar. Acompañados de una guía y de nuevo enfundados en cascos de seguridad, bajamos al subsuelo de la catedral, caminamos por el paso de ronda y atravesamos el templo sobre unos andamios. Todo esto mientras los obreros seguían dale-que-te-pego.

¡Son Batman y Robin! Ah, no.
Santa María es un edificio muy bónito, gótico, con bóvedas altas, vidrieras, esculturas y cosas de iglesias. Además data del siglo XIII. Pero estoy segura de que si todos los días hay visitas organizadas es en buena parte gracias a Ken Follet. El escritor contó que su segunda novela, “Un mundo sin fin”, está inspirada en esta catedral y de hecho fue el lugar que eligió para presentarla. Y para que a nadie se le olvide el vínculo que la une con el autor galés, han colocado una estatua de bronce frente a ella.
Como ya he dicho, me parece tremendamente interesante el poder observar los trabajos de restauración en un edificio así, y en este caso, además, la visita tiene el valor añadido que le da la sombra del autor más leído en la segunda mitad del s.XX. Bien por Vitoria :-)
Cuando salimos de la catedral fuimos a comer al restaurante El Portalón, que está justo enfrente y por el que también ha pasado Ken Follet.
El Portalón es un edificio de aspecto medieval que fue construido en el s.XV como casa de postas. Aún conserva la antigua capilla, y los suelos y paredes son todos de aquella época. Por supuesto la decoración del restaurante está en perfecta sintonía con el estilo y la antigüedad del edificio.
Al entrar me dio la impresión de que viajaba en el tiempo…
No me hubiera extrañado ver un carruaje en la puerta al salir, pero lo que vi fue el Casco Viejo de Vitoria cubierto de nubes, con todo su encanto y el contraste entre sus calles empedradas y sus fachadas-lienzo.

Como broche final a un viaje que recordaré durante mucho tiempo, y tras atravesar otro de los parques de Vitoria (que tiene muchos, porque como ya sabemos es capital verde europea), fuimos a cenar al restaurante ikea.
No, no se nos acabó el presupuesto y tuvimos que recurrir a los suecos. Ikea, que en euskera significa “pequeña colina”, está aquí desde mucho antes de que nos invadieran los escandinavos con sus llaves allen. De hecho, la tienda de muebles quiso abrir en Vitoria y pidió al restaurante que cambiara el nombre, y ante la negativa de los vitorianos, cogieron sus muebles bien plegados en cajas de cartón y se los llevaron a Bilbao. ikea 1-IKEA O.

El restaurante me fascinó, no lo puedo explicar de otra manera. Con paredes de madera sin tratar, sillas súper cómodas, vegetales decorativos y cangrejos de ojos pintados con Edding que cuelgan del techo. Mi imaginación volaba. El mérito de este creativo interiorismo lo tiene Mariscal, que junto con Fernando Salas, le dio un buen lavado de cara a un restaurante con más de 30 años de historia.
Todo esto está muy bien, pero ¿qué tal se come aquí? Iñaki Moya y su segundo de cocina, Asier Urbina (encantadores los dos) nos prepararon un menú increíble. Esto es lo que cené yo:

Vieiras salteadas etc.
APERITIVO
- Crema de verduras
- Crujiente de centollo y una kokotxa en tempura
MENÚ
- Vieiras salteadas sobre shiso frito, calabaza cítrica y nube de zanahoria negra
- Alcachofas y trigueros fritos con escalope de foie y reducción de oporto
- Lomo de corzo con lingote al bronce de ciruela ácida, orejones y salsa de mostaza de violetas
POSTRE
- Helado de queso con infusión de frujos rojos
Por esto y porque los platos sabían tan bien como suenan, les doy mi estrella de restaurante favorito, que es algo que me inventé ayer, pero que no por eso tiene menos mérito.
¡Un aplauso para ikea, por favor!
Y con estos manjares dimos por concluído nuestro #minubetrip por Euskadi.
Estoy deseando ver el video que está montando Joan Planas, aunque me temo que aún tendré que esperar unas cuantas semanas para eso. Mientras tanto, aprovecho la ocasión para comentar que estoy disponible para probar otros restaurantes, hoteles y actividades de ocio en general… Ya sabéis, cualquier cosa de esas que son un poco rollo, pero que alguien tiene que hacerlas. “Zai Aragon, catadora de experiencias”. (Lo escribo y me quedo tan ancha). Arriba a la derecha hay un icono con forma de sobre, haciendo click en él podéis contactar conmigo. O a través de facebook. O a través de Twitter.

Ahí queda eso ;-)
Bilbao
DÍA 2: BILBAO
El segundo día del minubetrip nos fuimos a Bilbao.
Comenzamos el día con una visita muy especial, como diría Txema León, al museo Guggenheim: nos enseñaron el camino que realizan las obras de arte desde que llegan al museo hasta que las cuelgan en las salas.
Esta es una iniciativa nueva del Guggenheim Bilbao. Hasta ahora no la hacen en ningún otro museo (o al menos no se tiene constancia de ello).
Vimos la zona por la que entran las obras, los controles que pasan, la sala de restauración, el almacén donde las guardan… Incluso nos enfundaron en un casco y un chaleco para mostrarnos las entrañas del museo: sala de climatización, instalaciones de obras bajo el río… De ahí pasamos al punto opuesto, el tejado, desde donde la vista era espectacular. Terminamos la visita en la cocina, donde nos dieron a probar una pequeña muestra de los platos que preparan en el restaurante.
Como parte de la visita, también tuvimos la oportunidad de meternos en el rol de una comisaria (yo), un restaurador (Txema) y un diseñador (Ignacio) para entender un poco mejor el proceso de montaje de una exposición. Por supuesto también aprovechamos para visitar algunas de las salas y “nutrirnos” de arte.
En resumen, fue una visita que me sorprendió mucho. Nunca pensé que tendría la oportunidad de conocer como funciona un museo por dentro (y menos uno de esta categoría).
Después de esto, Elixabete, de Basquetour, nos llevó a hacer una ruta de pintxos por el centro de Bilbao. La comida fue estupenda, además me encantó moverme en tranvía y pasear de bar en bar por el Casco Viejo. Esta era mi primera visita a Bilbao y me ha encantado. La definiría como “una ciudad tranquila”. Tiene toda la oferta cultural y artística de las grandes ciudades del primer mundo, pero da la impresión de ir a un ritmo más pausado. Además existe una gran cultura de calle que no esperaba encontrar en el norte.

Foto: Yu-ann Planas. ON EGIN!
Para cenar fuimos al restaurante Yandiola, situado en la Alhóndiga. La Alhondiga es un espacio muy peculiar. Es un antiguo almacén de vinos con más de 100 años de historia, que decidió reconstruir Philippe Starck. Ahora se ha convertido en un centro de ocio y cultura que alberga, además de restaurantes, una mediateka, un centro de actividades físicas con piscina y solarium, exposiciones, 43 columnas muy originales, su propio sol y extrañas criaturas nocturnas.
El restaurante Yandiola, con el chef Ricardo Pérez a la cabeza, es un espacio abierto, elegante e innovador, con una cocina creativa que apuesta por ingredientes autóctonos obtenidos mediante técnicas sostenibles. Paredes de ladrillo visto, grandes ventanales y sofás en lugar de sillas, le dan un toque de calidez a un restaurante perfecto para importantes cenas de negocios. Eso sí, no es un sitio barato así que absténganse mochileros y españolitos medios.
Y tras nuestra cena, que no fue de negocios sino más bien de placer, y después de convencer a los guardias de seguridad para que nos dejaran terminar de grabar entre sus columnas (“¿Os habéis fijado en alguna en concreto?”, “¡¡¡ESTO ES MU’ FUERRTEEE..!!!”) nos fuimos al hotel Hesperia.

El Hesperia está situado muy cerquita del Guggenheim, pero en la orilla de enfrente. El cristal de cada ventana es de un color diferente y esto, aparte de darle un aire modernista a la fachada, hace que a la luz del día cada habitación sea única.
A los chicos les pareció demasiado el color verde de su habitación, pero a mi me enamoró el azul de la mía. Por no hablar del diván que queda enmarcado dentro de la cristalera, parece que flotes sobre el Nervión.
De los 3 hoteles que probé, este fue mi favorito.
La habitación era perfecta: amplia, bien iluminada aunque con cortinas capaces de mantenerla totalmente oscura durante el día (muy importante en un hotel). La cama era comodísima y el baño funcional (separado en 2 zonas) y con bañera. Encima el buffet de desayunos era un espectáculo, con un menú pensado para cuidarse, además de pintxos ya desde por la mañana. Aunque a mi me conquistaron con la leche de arroz; es la primera vez que la encuentro en un sitio que no sea mi nevera.
San Sebastián
DÍA 1: SAN SEBASTIÁN
Nos levantamos muy temprano para ir a ver el amanecer desde el Peine de los Vientos (esculturas de Chillida). A las 6:30 de la mañana ya estábamos en la bahía listos para recibir al sol.
Hicimos unas fotos, grabamos las primeras imágenes del video que documentará este viaje, y volvimos al hotel para desayunar.

Un rato más tarde nos recibió Gabriella Ranelli, una de las 10 mejores guías gastronómicas del mundo según el Wall Street Journal, para acompañarnos en nuestra primera actividad: ¡taller de pintxos!
Comenzamos yendo al mercado de La Bretxa, en el Casco Viejo de San Sebastián, para comprar pescado. Luego fuimos a comprar algunos de los ingredientes que utilizaríamos en el taller, como champiñones o espárragos blancos. Gabriella también nos llevó a algunas tiendas especializadas, de estas chiquititas pero en las que saben muy bien lo que venden, a probar quesos y embutidos.
Pasamos un rato de lo más agradable. A mi me encanta visitar mercados y hace ya tiempo que me propuse aprender a cocinar. En los viajes siempre intento traerme alguna receta para hacer en casa, pero la verdad es que nunca había tenido la suerte de llevar a alguien como Gabriella al lado explicándome lo que se esconde detrás de cada ingrediente.
Es una experiencia muy recomendable.

Mientras tanto, el chef Josetxo Lizarreta nos esperaba en la cocina de la casa de Gabriella.
Lo primero que nos enseñó a preparar fue el pintxo Gilda, uno de los imprescindibles de esta zona, y que recibe su nombre de la película ya que es “salado, verde y un poco picante”. También preparamos un aperitivo a base de espárragos blancos que era una delicia. Y anchoas, y champiñones, y más pintxos. Y luego nos sentamos todos a comer.

Esperando a que Txema de el visto bueno...
También recuerdo una bebida a base de ¿fresas y requesón? No estoy segura, esta parte la tengo borrosa. Ah sí, también llevaba alcohol. Se que me tomé varios de esos, y que Ignacio intentó agredir a Joan con un sifón.
Cuando ya no fuimos capaces de comer más, nos despedimos de Gabriella y nos fuimos a callejear por el Casco Viejo. Esta vez sí que nos llovió pero aún así disfrutamos del paseo. Sobre todo los que le habían dado con ganas al Txakolí en la comida…No digo nombres, ellos saben perfectamente quienes son.

"Esto... ¿yo era vegetariana o no?
Y por la noche fuimos a cenar a la sidrería Sagardotegi en Astigarraga. ACTUALIZACIÓN: Perdón, a la sidrería ASTARBE. Gracias a @gaizkabilbao ahora se que Sagardotegi significa sidrería en euskera, y como bien hemos razonado por Twitter, sería un poco raro llamarla sidrería “sidrería”.
Allí nos enseñaron el ritual del Txotx: consiste en levantarse de la mesa en grupo y llenar los vasos con la sidra que sale a presión de la kupela (cuba) a una distancia de 1’5 – 2 metros cada vez que alguien grita la palabra “¡Txotx!” o “¡Mojón!”.
Así que ahí estábamos los 4, sidrería arriba, sidrería abajo, vaso en mano.
Por respeto a nuestros anfitriones y a los lectores, no voy a decir lo que contuvo en un momento dado en la mano de Txema.
Lo que me gusta de este ritual es que ha sido así desde hace siglos, y al repetirlo te hace sentir que formas parte de la historia. Resulta divertido pero a la vez tiene algo de trascendente. Aunque yo sólo llené mi vaso una vez. Suficiente alcohol por un día.
Para cenar nos sirvieron un chuletón que pesaba más que mi cabeza, pero es que ya sabemos como es la gente del norte… :-)
Y una vez más, cuando ya estuvimos bien redondos, nos montamos en el coche y emprendimos el camino de vuelta a San Sebastián para dormir por segunda noche consecutiva en el hotel de las estrellas: el Astoria 7.
Además por el camino no tuvimos ningún susto con los ertzaintzas, ni tentamos a la suerte dando más vueltas de las necesarias en las rotondas ni nada de nada… Mira tú qué bien.








